El único anfiteatro romano de España construido directamente sobre la orilla del mar.
La mayoría de anfiteatros romanos que se conservan están en el centro de una ciudad, rodeados de edificios. El de Tarragona no: está encajado en la ladera que baja del acantilado hasta la playa del Miracle, con el Mediterráneo como telón de fondo. Esa posición, más que su tamaño, es lo que lo hace distinto.
Qué es y cuándo se construyó
Se levantó a finales del siglo I o principios del II d.C., aprovechando la pendiente natural de la roca para ahorrar buena parte de la obra de sillería que hubiera hecho falta en un terreno llano. Tenía capacidad para unas 14.000 personas y se usaba para combates de gladiadores y luchas con fieras, el espectáculo romano por excelencia, en una ciudad que entonces era capital de la provincia Hispania Citerior, la más extensa del imperio.
Por qué forma parte de Tárraco
El anfiteatro no se visita como una pieza aislada: es una de las piezas del conjunto arqueológico de Tárraco, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000 junto con las murallas, el foro, el circo y el resto de restos romanos repartidos por la ciudad. Lo que distingue a Tarragona de otros yacimientos romanos es precisamente eso: no es un único monumento cercado, sino una ciudad viva construida encima y alrededor de su pasado romano, con la circulación diaria pasando junto a las columnas.
La iglesia dentro del anfiteatro
En el centro de la arena, sobre lo que fue el punto donde se ejecutó a los mártires cristianos de Tarragona en el año 259, se construyó siglos después una basílica visigoda y, más tarde, una iglesia románica dedicada a Santa María del Miracle, de la que hoy quedan los muros y el ábside. Es una superposición poco frecuente: arena romana, basílica paleocristiana e iglesia medieval, las tres visibles en la misma excavación.
Qué se ve al visitarlo
Se conserva buena parte del óvalo de grada excavado en la roca, los accesos abovedados por los que entraban los gladiadores y, en el centro, los restos de la iglesia. Desde las gradas superiores la vista da directamente al mar, sin ningún edificio moderno de por medio en primer término, algo que no ocurre en ningún otro anfiteatro romano conservado en la península.
Cómo se descubrió lo que hay debajo
Durante siglos el anfiteatro quedó medio enterrado bajo escombros y construcciones posteriores; las excavaciones que sacaron a la luz la arena y los restos de la basílica se hicieron ya en el siglo XX, en distintas campañas, y todavía hoy se sigue trabajando en algunos puntos del recinto. Es uno de los motivos por los que la visita cambia ligeramente de un año a otro: siempre hay algún sector con trabajos de conservación.
Tárraco Viva
Cada primavera, el anfiteatro es uno de los escenarios centrales de Tárraco Viva, el festival que dedica varios días a recrear la vida romana en toda la ciudad, con combates de gladiadores representados en la propia arena. Fuera de esas fechas, el recinto se visita en silencio, sin más ruido que el mar rompiendo debajo de las gradas.
Cómo llegar andando
Se accede bajando desde el Balcó del Mediterrani por la Baixada de la Peixateria o por el Passeig de les Palmeres, un descenso corto y bien señalizado. Desde el Carrer de Santa Anna, en plena Part Alta, son unos veinte minutos a pie, casi todos de bajada; la vuelta cuesta un poco más por la pendiente. Conviene calzado cómodo: el último tramo antes de la entrada tiene escalones y superficie irregular.
Después de la visita, la subida de vuelta a la Part Alta se hace mejor con algo en el estómago: el Restaurante Ferrer, en el propio hotel, sirve cocina catalana de mercado por las noches.

